Microcuento
el emigrante Una cadena hotelera encargó un informe a quienes dirigían su centenar de establecimientos preguntán- doles qué objetos solían olvidar en las habitaciones los clientes. El cargador del teléfono móvil —del celular—, el pijama, ropa interior, ese dócil libro que se abre con la cabeza en la almohada, el pasaporte y cualquier otro documento, incluso productos de gas- tronomía típica de la zona que se quedan, fríos y sin más viaje, en el minibar. Los directivos de los hoteles concretaron el lugar del abandono: los armarios —ahí dejan de dar pasos los zapatos sin dueño—, debajo de la cama, entre el gurruño de las sábanas, en el desor- den del baño, sobre la mesilla de noche; y, en regiones soleadas, los descuidos que siguen sus vacaciones en el balcón son los trajes de baño y las sandalias. Los verdaderamente olvidadizos somos los varones de entre 35 y 55 años, sin importar ni la nacionalidad ni adónde va uno a ir. La encuesta con que se hizo pu- blicidad gratuita la cadena ...